Sostenibilidad
Qué es el desarrollo sostenible y cómo puede integrarse en la gestión empresarial
En la actualidad, el contrato social entre las empresas y el mundo está siendo reescrito. Ya no basta con generar utilidades y cumplir con la ley; existe una demanda creciente, palpable en las preferencias de consumo, en las exigencias de los inversores y en la presión de una regulación en evolución, para que las organizaciones asuman un papel activo en la solución de los grandes desafíos globales.
El cambio climático, la desigualdad social y la erosión de la confianza pública no son solo titulares de prensa, sino factores tangibles que afectan la estabilidad de las cadenas de suministro, el costo del capital y la lealtad de los clientes.
En este contexto, la adopción de un modelo de desarrollo sostenible deja de ser un discurso optativo para convertirse en el núcleo de una estrategia empresarial visionaria. Este artículo busca ser una guía para ese viaje, explicando el qué, el porqué y, sobre todo, el cómo de una integración efectiva.
¿Qué es el desarrollo sostenible y por qué importa a las empresas?
De acuerdo a las Naciones Unidas, el desarrollo sostenible se define como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias.
Este concepto se fundamenta en tres pilares interdependientes:
- Crecimiento económico
- Inclusión social
- Protección del medioambiente.
Para una empresa, adoptar este enfoque implica operar de manera que se cree valor no solo para los accionistas, sino también para todos sus grupos de interés (empleados, clientes, comunidades y el planeta).
Y, la importancia estratégica radica en múltiples factores. Primero, la mitigación de riesgos: empresas con operaciones eficientes en recursos y con cadenas de suministro resilientes están mejor preparadas frente a la escasez de materias primas y las fluctuaciones de precios.
Segundo, la licencia social para operar: una ciudadanía y consumidores cada vez más informados y exigentes premian a las organizaciones con prácticas éticas y transparentes.
Tercero, la atracción de talento y capital: los profesionales, especialmente las nuevas generaciones, prefieren empleadores con propósito, mientras que los inversores incorporan criterios ASG (Ambientales, Sociales y de Gobierno) en sus decisiones.
Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y su relación con el mundo corporativo
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible representan una hoja de ruta global compuesta por 17 metas que abarcan desde la erradicación de la pobreza hasta la acción por el clima.
Para el entorno empresarial, los ODS funcionan como un marco de referencia que permite alinear proyectos, indicadores e inversiones con estándares internacionales y expectativas regulatorias emergentes.
De esta forma, la adopción de los ODS fortalece la gobernanza interna, impulsa la innovación y permite construir relaciones más sólidas con inversionistas y clientes.
Entre los objetivos más adoptados por el sector privado destacan:
- ODS 7: Energía asequible y no contaminante, debido a la transición energética y los costos crecientes de combustibles fósiles.
- ODS 8: Trabajo decente y crecimiento económico, relacionado con productividad, clima laboral y retención de talento.
- ODS 12: Producción y consumo responsables, clave para cadenas de suministro.
- ODS 13: Acción por el clima, ya integrado en reportes de sostenibilidad y métricas ESG.
Al vincular estos objetivos con los planes corporativos, las empresas pueden establecer compromisos verificables y comunicar avances con claridad.
Diferencias entre crecimiento económico y desarrollo sostenible
Si bien el crecimiento económico se enfoca en el aumento de la producción y el consumo como indicadores de éxito, el desarrollo sostenible exige equilibrar este crecimiento con la preservación ambiental y la equidad social.
Es decir, el crecimiento económico tradicional se mide principalmente por el incremento del Producto Interno Bruto (PIB) o de los ingresos, a menudo sin considerar el agotamiento de los recursos naturales, la degradación ambiental o las externalidades sociales negativas. Es un modelo de “tomar-hacer-desechar”.
En contraste, el desarrollo sostenible propone un modelo de crecimiento regenerativo e inclusivo. Busca desvincular el progreso económico del consumo excesivo de recursos y la generación de desechos, promoviendo la economía circular, la equidad y el capital natural.
Esto significa que la rentabilidad no puede ser el único indicador de éxito; debe equilibrarse con métricas de desempeño ambiental (huella de carbono, uso de agua) y social (diversidad e inclusión, condiciones laborales en la cadena de valor). Así, es capaz de lograr un crecimiento sostenible.
Cómo integrar el desarrollo sostenible en la estrategia de la empresa
Para incorporar prácticas de sostenibilidad empresarial de manera estructurada, se requiere un enfoque gradual que permita transformar procesos, políticas y comportamientos internos.
1. Diagnóstico inicial
El primer paso consiste en evaluar el estado actual de la organización. Esto implica analizar el consumo energético, la gestión de residuos, los riesgos sociales y ambientales y el cumplimiento normativo.
Así se identifican áreas críticas para establecer prioridades realistas.
2. Definición de políticas corporativas
Posteriormente, se diseña un marco institucional que incorpore principios de sostenibilidad. Estas políticas deben alinearse con estándares internacionales, así como con los ODS relevantes para la industria.
El papel del liderazgo es fundamental para asegurar que estas directrices sean comprendidas y aplicadas en toda la organización.
3. Integración en procesos clave
La sostenibilidad debe formar parte de la cadena de suministro, la producción, el transporte, la gestión del talento y la toma de decisiones.
De esta manera, las acciones adoptadas no se quedan en iniciativas aisladas, sino que transforman la forma en que opera la empresa.
4. Implementación de metas e indicadores
La definición de objetivos cuantificables permite monitorear avances y ajustar estrategias. Estas metas pueden incluir reducción de emisiones, uso de energías renovables, diversidad laboral o reducción de desechos.
5. Comunicación interna y cultura organizacional
Un modelo de sostenibilidad requiere la participación activa del personal. Por ello, la capacitación y la comunicación interna son esenciales para fomentar una cultura corporativa alineada con los principios del desarrollo sustentable.
Herramientas y métricas para medir el impacto sostenible
Lo que no se mide, no se puede gestionar. La medición robusta es crítica para evaluar el progreso, tomar decisiones informadas y comunicar con credibilidad. Algunas herramientas clave son:
- Huella de carbono: calcula las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) de las operaciones directas e indirectas.
- Análisis de Ciclo de Vida (ACV): evalúa los impactos ambientales de un producto o servicio a lo largo de toda su vida, desde la extracción de materias primas hasta su disposición final.
- Estándares de reporting: el uso de marcos como GRI, SASB o las nacientes Normas IFRS de Sostenibilidad asegura la comparabilidad y exhaustividad de la información reportada.
- Software de gestión de gastos y viajes: plataformas como SAP Concur pueden ayudar a las empresas a medir y reducir la huella de carbono asociada a los viajes de negocios y a optimizar los gastos bajo criterios de sostenibilidad predefinidos, integrando la eficiencia operativa con los objetivos ambientales.
Claro está: el camino hacia la sostenibilidad empresarial demanda liderazgo, constancia y una medición rigurosa.
Las empresas que hoy deciden alinear su propósito y operaciones con los objetivos de desarrollo sostenible contribuyen a un futuro mejor y construyen las bases para una ventaja competitiva duradera y resiliente.
